domingo, 27 de julio de 2014

El infierno diluyendo el hielo de tu Coca Cola

Yo creo en el yin y el yang, de la misma manera que creo que las mejores creaciones pueden ser la mecha del desastre. Lo viví cuando me dijiste las palabras bonitas que nadie me había dicho, haciendo estallar el muro que guardaba mi vida, dejándolo en mil pedazos. Me miraste y eso bastó para sacarme de los escombros con la delicadeza de la excavadora en un campo de gardenias.
¿Cómo unos sentimientos tan puros pueden hundirnos en tanta desesperanza? Yo no me he entregado a la muerte, pero cuando me tocaste, supe que la bala acabaría alcanzándome.

miércoles, 23 de julio de 2014

Vuelvo a entender el lenguaje de los semblantes tristes. Entiendo de nuevo los versos sobre la desesperanza, el miedo, los celos. Todos ellos han entrado en casa y sin llamar. Se me había olvidado lo bonito que era mirar en los ojos de quien te quiere.
Ahora, simplemente, estás ahí y no puedo sacarte. Ni quiero.
Y me hablas, como nunca antes lo habían hecho. Protegiéndome incluso de mí misma. Pero yo no puedo oírte cuando ella está, y tú me dices que apenas respiras cuando me echas de menos. Lo que los poetas llamaron amor florece en mí de nuevo, como una rosa con espinas que no puedes tocar sin hacerte herida. ¿Cómo voy a dejar de sangrar si estás con ella?

jueves, 3 de julio de 2014

Rehabilitación

Las voces hablan alto y te suplican que estés donde no podrías aunque quisieras. Sé que no puedes, ¿pero te quedarás hoy? ¿Te quedarás ahora?

Te dije jamás prometas. Te lo supliqué. Pero tú insististe en que podrías hacerlo. ¿De qué me sirve? Las promesas me resultan chocolate negro. Lo que fue dulce, se torna amargo y sólo te queda eso, como un vago recuerdo de lo que fue. No me prometas nada en absoluto.

Te dije que no me llamaras. Que olvidaras todo, al menos hasta que las aguas volvieran a su cauce. Es cierto que no es justo para ti, pero es mi precio por olvidar. Un precio que tú no conoces para un castigo que ni consigues ver. Al fin y al cabo, no es culpa tuya. No del todo.

Sin embargo, tú viniste aquí, como ánimo, como cura para enfermedades. Pero sin provocar daño. Llegaste como llega la morfina en el brazo del paciente. Y para cuando debo dejar de recibir ayuda, es demasiado tarde. Soy un yonqui no encuentra aguja donde inyectarte. Porque ahora no llegas a mí, no como antes. Te quedas lejos donde ni siquiera yo puedo verte. Como otro más, sales de mi vida rompiéndola de arriba a abajo.

sábado, 31 de mayo de 2014

Tú, que me haces volver del más allá sólo para verte morir de nuevo.

Tú,
que desentierras a tu víctima para hacerle el boca a boca,
que limpias sus labios de barro para besarla.
Tú,
que curas la infección que creaste,
que llenas el vacío que le dejaste.
Tú,
que intentas lavar la herida que luego abrirás,
que besas el corazón que romperás.
Tú,
que regalas flores a las mujeres que enviudaste,
que vuelves la vista al vientre de tu madre,
como si pudieras volver atrás.
Tú,
que te fuiste, que volviste, pero jamás para quedarte.
Deviantart photo by jo60

jueves, 22 de mayo de 2014

El cajón de los monstruos

Yo aquí vengo a confesarme. Vosotros sois mis más queridos confesores, mis compañeros de batallas, los jueces que más respeto. Y vosotros, en vuestra sabiduría, no me juzgáis. Ni siquiera por aparecer aquí como si fuera sólo un avatar, cuando es aquí donde la mujer aparece tras la careta.
Ya sé que esto no debería ser así, que esto debería de ocurrir también fuera de toda esta red que nos une. Pero, al fin y al cabo, esto está al límite.

No es literatura, no es mi vida, no es una fantasía, no es un diario, no son relatos, pero porque no soy capaz de clasificar esto. Es un poco de todo. A veces vivencias, a veces relatos de cosas que no he vivido con cosas que sí he sentido. ¿Y quién soy yo para llamar a esto literatura? Éste es el cajón de mis monstruos, de los reales y de los fantásticos, mi último escondrijo, mi refugio, mi casa. Lo he dicho muchas veces. Ojalá tuviera más tiempo. Ojalá pudiera leeros más. En la distancia os echo de menos. De verdad.

sábado, 17 de mayo de 2014

Tenías tanta prisa por llegar a mí.

Me miraste y supe que habíamos perdido. Tenías tantas ganas de crecer. Tantas ganas de tenerme. Pero olvidaste lo más importante: conocerme.
Agarraste la mano sin mirar a los ojos y quisiste tocar la piel sin preguntar por las cicatrices. Y aun así, tú osas a hablar de lo que desconoces, a adornarme con palabras vacías, a crear un trono que se convierte en cartón y a coronarme con una tiara de brillantina. Coges mi historial y lo rellenas, según creas que es más apropiado para ti.
Me maravilla y horroriza a partes iguales que todo lo que sabes de mí te baste. Yo no temo afirmar que desconozco casi todo sobre ti. ¿Qué ocurriría si me conocieras?
Descansa. Límpiate los ojos. Déjate conocerme. Déjame conocerte. Pero no intentes atarme.
¿Quién sabe? Quizás hasta te enseñe a volar.

jueves, 24 de abril de 2014

Espero que no me olvidéis y quizás así dejéis de cometer el mismo error

Al final sabía que llegaría este momento. Reúnes una nueva familia, vuelves a construir tu vida. Les haces parte de tu pasado e intentas que también sean parte de tu futuro. Creas un vínculo fuerte y te acabas sintiendo en casa. ¿Y para qué?
De repente, no importa nada. No entienden nada y ya no comprendes si los extraños son ellos o eres tú. Parece que debes decirles que su indiferencia te duele. Que te está (perdonen la expresión) jodiendo por dentro. Llegas a un punto de adaptación en que no te reconoces, y odias lo que ves.
De pronto, estás cabreada con el mundo y te odias por ello, porque sólo una parte de ese mundo puede tener la culpa. Aunque quizás culpa mía, que le doy demasiada importancia al hecho de que a ellos les da igual si les dices que quieres verles o no. Que a ellos les importa una mierda quedarse en casa un mes y no saber nada de nadie. Pero yo no soy así, o al menos no lo era.
Ahora he llegado a mi límite.
Ya está bien de tragar. Quiero dejar de odiar en qué me he convertido y volver a lo que era.

miércoles, 23 de abril de 2014

Renacer

Cada pocas semanas renace, como si fuera un fénix. Imparable. Pero nadie lo ve. Porque él no quiere hablar de ello, no quiere darle más minutos a contarse sus heridas. Y tiene para varios documentales.
Y aun así, renace él sólo, sin ayuda. El nuevo hombre que renace de sí mismo, sin resquicio de pecado.
La vida le da una bofetada, y él renace.
Le atan los pies con pesos, y aun así él puede soltarse. 
Siempre encuentra un salvavidas o un líquido milagroso que le cure las heridas, una a una.

¿Pero qué ocurrirá cuando el milagro se haga veneno en su boca?  ¿Qué ocurrirá cuando deje de curarse? ¿Conseguirá algún día volar? ¿Pero y si se da cuenta que jamás remontará el vuelo?
Vía @To_The_Moon_

sábado, 15 de marzo de 2014

Imágenes

Gritarle a tu niña interior que te deje en paz. Meterte en la ducha y apurar cada grado, al tope, para ver si te crees que lo de tu cara no son lágrimas. Esconderte en un agujero para gritar y que nadie te oiga, como si no tuvieras derecho. Venir aquí a dejarte sangrar, para ver si al volver al mundo exterior todo te duele menos. Mirar el nombre que elegiste para ti y querer otro, reclamando que ya no quieres ser esa persona. Morir.

sábado, 8 de marzo de 2014

El infierno pelirrojo

Sus ojos depredadores podían alcanzarla:
Su piel estaba ahí, a un palmo, pero era como si parpadeara. Si su pelo se movía, te quedabas sin respiración. Allá dónde mirase, salía el sol. Y parecía un lugar mejor porque ahí se dirigía su pupila. Como si la noche conservara alguna luz para ese momento.
Pero sólo era una mentira. De su boca salían estacas y su risa un truco. Una promesa de ganar el infierno seguro.