miércoles, 22 de abril de 2015

Yo me lanzo a las sombras golpeada de muerte. 
Ésa es mi oscuridad. Allí debo sumergirme para traer luz.
Pues es necesario abrir cada puerta para saber qué ventana está abierta. 
Yo me tumbo sobre la mesa y me dejo abrir poco a poco. Poro a poro. Ahí tienes. Mis traumas. Mis dolores. Mis miedos.

No dejes que intenten ayudarme con sus manos temblorosas. Te necesito aquí.
Me alimento de sangre y de cenizas. Ya no (me) queda nada. 
Pero no importa, porque florezco en llamas como un girasol en la tormenta. 
Y miro al cielo, y miro a la tierra. Ya no está lo que yo busco. 
Pero no importa, porque el corazón de lo que se me escapa eres tú. 
Cómo no te voy a querer.
Cuando el silencio venga a mí como un terremoto, yo me dejaré caer. Y por favor, no cojas mi mano. Háblame.

domingo, 19 de abril de 2015

Pronuncias el nombre como quien busca la herida. Con tiento, pero la misma duda.
Pones las letras en tu garganta como quien se toma una pastilla sin agua.
Pero tú ya lo sabes. Yo no voy a ir y tú no vas a volver.
Nadie quiere conservar a nadie, pero estamos atados como el náufrago al salvavidas.
Pero tu voz nunca es suficiente.
Pero tu boca nunca es suficiente.
Ni siquiera yo lo soy.

Mi yo deconstruido no acepta mano que le ayude.
Mi yo destrozado no acepta que pueda necesitar ayuda.
Y así me abandono con total falta de clemencia.
¿Y quién me odiará porque no me ame?
Yo ya no sé si queda algo que salvar.

Para eso no existe castigo.
¿Cómo castigas al suicida?
¿Con qué mechero haces que arda el desierto?
Por suerte para ti, tú no serás lo que yo quiero.
Por suerte para ti, yo no seré lo que tú quieras.
No pensaré en ti todos los días y tú no te desvivirás por tratar que yo quiera quedarme en esta vida. Porque eso sería todo. Un mero intento por revivir con aire a un muerto entre las llamas.

Por las noches jadeo a solas en sueños imaginando mis cicatrices borrarse y sufro. Sufro con la idea de tener que equivocarme de nuevo, tener que dejar que me hieran de la misma manera, con el mismo sol, con el mismo abandono otra vez. Sufro con la idea de tener que repetirlo todo para llegar a ser quien soy de nuevo. Y decepcionarme frente al espejo.

 El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una
suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso, cuando
se necesita ayuda, que recibir ayuda.
-A. Pizarnik. La mesa verde

jueves, 16 de abril de 2015

El náufrago

La noche tiene el brillo de lo terrible. Lo terriblemente revelador.
Me sabía vulnerable, pero decirlo en voz alta es otra cosa.
Me sabía rota, pero decirlo en voz alta es otra cosa.
Me sabía. Me conocía. Me miraba a mí misma.
Ya no.

Me miro al espejo y ya no soporto esos ojos de pájaro.
Y volar no será suficiente mientras yo siga conmigo.

Ven a mí, ven a mí, ven a mí te canturreo como si pudiera hacer que desees que te estampes contra las rocas.  Llévame lejos en una pequeña jaula de madera, recógeme en ella como quien lleva un tesoro y líberame en el mar.
Invocaste la lluvia e hiciste de mí tu refugio. Ése fue tu error. Me creíste sirena cuando yo fui siempre las rocas.
Déjame fuera. Sálvate tú.



Verde esencialmente reconcentrado en mis ojos que pintan la hierba que luego echa flores en la memoria de los animales.
Abrazada a la tierra. Tierra o madre o muerte, no me abandones aun si yo me he abandonado.
- Escrito en "Anahuac" (Talitas) Alejandra Pizarnik

viernes, 10 de abril de 2015

El complejo de sirena

Ella se miró. Ni las alas inútiles que le dieron unos ni la cola de pez que le entregaron otros le había servido para escapar a su destino. Había pasado demasiado tiempo en aquel lugar. Seguía siendo la misma por fuera, sólo su mirada había cambiado. Su mirada antes cálida se había vuelto implacable. No podía huir de allí, se lo habían dicho.

Su destino eran esas rocas. Su destino era cantar a los que iban a morir. A los que, tratando alcanzarla bajo su hechizo, hundiesen su barco contra los salientes de las rocas.
Su bello canto sólo sabía hacer daño. Estaba harta. En un despiste, se lanzó al agua y buscó el lugar con más eco.
Era hora de entregarse a su destino. Asomó su cabeza del agua y cantó las canciones más bellas que conocía. Al fondo, su voz volvía atrayéndola. Y ella se entregó a la muerte en su hogar.

lunes, 6 de abril de 2015

Un mal necesario

Y el viento se hará llamas en mi boca
que arrase con dolor todo atisbo de duda
las palabras sacudirán la comodidad del silencio
para despertar tu indignación, y te rebelarás.

Devolveré tu cabeza al día en que dijiste BASTA
aunque sólo sea para que sientas algo, ya sea ira, 
para que te alces y te resistas contra mí
a lo que jamás querrás para ti.

Gritaré tu nombre de nuevo cuando te hartes de mí
y te mandaré lejos, a aquellos que dejaste por mí.
Porque fue a mí a quien besaste cuando estabas dolido
y también quien te recuerda porqué nunca la dejarás.

Y cuando tu voz se entrecorte en mi oído,
te recordaré su nombre en un susurro
para que la eches de menos la noche más oscura.
Y yo seré tu mal necesario que te devuelva a ella.
Leigh Viner ilustración

viernes, 3 de abril de 2015

No olvides que estas letras no nacen solas. Que florecen con el dolor como si de una primavera constante se tratara. He olvidado lo que es escribir sin hurgar en la herida. Escribo sobre lo que conozco. Yo escribo sobre mis ruinas. En mis ruinas. Con mis ruinas.
Y por las noches, sueño que un hombre vestido de nada me acuna como un animalillo herido. Que quiere ayudar a que me salve a mí misma. Porque yo soy la criatura que se arranca el pecho. Yo soy la que languidece en la oscuridad. El puñal y la sangre. La virgen y el volcán. Pero al final, la sangre mana. Pero al final, el volcán estalla. Y todo se rompe como si fuera la primera vez. Ya no queda nada que salvar.

Fuera, la ciudad entera llora, pero nadie escucha más allá de sí.





Escribes poemas
porque necesitas
un lugar
en donde sea lo que no es
-Alejandra Pizarnik


lunes, 23 de marzo de 2015

La soledad de las caras del dado

¿Con quién quedas por las tardes un día normal?
¿Y a quién de todos llamas a la una de la mañana cuando empiezas a llorar y no puedes parar?
Ésa era la soledad a la que me refería. La única soledad que me dolía. Estar ahí, todas mis yo, todas mis personalidades encadenadas con una llave para compartir entre todas; la amiga, la hija, la extraña, la conocida, la querida, la olvidada, la perra, la ansiosa y por último, la carcelaria. La triste. Todas ellas suplicando. Porque no puedes renunciar a ninguna, pero tampoco eres capaz de vivir con todas.

jueves, 12 de marzo de 2015

Moral

Qué fácil sería ser simplemente algo sin importancia. Ser La Otra. Alguien insignificante, un ser vacío, sin sentimentalismo alguno. Ser esa cosa que ni siente ni padece. Ser nada.
Qué fácil sería ser la bestia que buscáis colgar. El monstruo que queréis o querríais condenar. Sería tan sencillo gritar que no tengo corazón y acabaseis conmigo sin remordimiento alguno.
En el fondo, ése sería mi mayor deseo. Que al fin, mis intentos de alejarme de la humanidad por completo dieran sus frutos, y no quedarme aquí, enredada entre pieles que nunca pude ni podré poseer. Desearía poder haberme liberado del mundo para que así pudiese dejar de hacer daño.

Este terrible odio a la vida y esta vida después de una muerte planeada me trajo tras de sí una carga. Si iba a vivir, tendría que dejarme abandonar en todo lo que mi moral no me había permitido con anterioridad. Dejar de morderme la lengua en lo que digo, aceptar el cariño y el deseo desde donde me llegase siempre que fuera de mi agrado. 
Incluso cuando éste  no debiera ser para mí. Incluso cuando fuese de otra. 
Me abandonaría con alevosía en todo placer alcanzable, en cada logro que pudiera conseguir sin perder la vida o el espíritu en ello es la idea. Iré al infierno, sí, pero en el último instante, algo en mí habrá sido llenado. Aunque sea mínimo, aunque se trata el placer más superficial de la tierra. No por ello debe ser tenido menos en cuenta.

Si tras vivir una larga vida viendo todos los colores y formas, y el color que más quisieras por encima de todos fuera el morado, un día quedases cegada para ver todo excepto el azul, ¿te negarías a mirar? ¿Lo desecharías por no llegar a la categoría del morado? ¿Negarías lo único que ansías sólo porque no lo ansías tanto como lo que quisiste una vez?
Sé que no será fácil. Posiblemente condene a otros. Quizás caigan en esa puerta abierta que les ofrezca, pero serán sus pasos los que les lleven adentro. No seré yo quien los tire al precipicio, pero les daré la mano si me lo piden.

Por eso y por mucho más, puedo decirlo: He dejado la moral para los que queréis vivir. He dejado la moral para la gente con planes, para los que son felices, para los que su vida es suficiente. Porque yo no puedo seguir con ella. Si lo más cercano a sentirme viva es ser besada por un hombre ocupado, jugar con el hierro candente, ser directa incluso con lo hiriente o dejarme morir sobre la alfombra de mi habitación, así lo haré, pues si a alguien debe pertenecer mi vida es a mí, con todas sus consecuencias.

jueves, 26 de febrero de 2015

Hablar

Hablo sobre lo que conozco,
yo,
la que sonríe, la que finge, la que sufre
mi primera persona del singular,
siempre singular, de todas las formas posibles.

Hablas de alas, huir lejos,
para qué querría yo alas
si no puedo separarme de mí misma
si no puedo romperme y quedarme con un pedazo,
a dónde iría yo conmigo,
mi yo completa, mi yo herida.

Habla de sueños.
La muerte no significa nada para él.
Como si pudieras vivir por tu propia motivación,
cuando lo único sobre lo que tienes control
en plena consciencia, en vida, es en la muerte,
y aún así, algo aleja nuestra mano de la soga,
algo nos hace dar un paso atrás en el precipicio.

Y diría en plural, que hablamos de todo,
eso te gustaría, pero ese plural no existe,
ese darse la mano escuchando el corazón del otro no existe.
Estoy yo. Sólo yo.
Y este egocentrismo desolador me consume,
estoy sola.
Nadie aleja mi mano del cuchillo,
nadie aleja mi mano de la pistola.
Sería tan sencillo desaparecer.

Al final, habláis y hablan de una muerte que aún no ha ocurrido,
¿No sentís como se desvanece un poco la última fantasma?
Mi sombra se está yendo poco a poco,
porque nunca he terminado de pertenecer a ningún lugar.
Mi tiempo se ha agotado,
éste ya no es mío.
Es de otro,
alguien muere dándome su vida,
es irónico,
las ganas de vivir de otro no detienen el flujo de vida que pasa al suicida.
Y yo aquí,
alimentada a la fuerza,
dejándome hundir
y ese alguien allá,
desviviéndose por aferrarse
a la cuerda que yo solté.

domingo, 22 de febrero de 2015

Tristeza revelada

Que quede entre nosotros esto, pero Platón mintió. Aprendí todo de cero. No recordé nada que hubiese olvidado, porque en mis olvidos a medias siempre hay algo que jamás dejé por el camino. 
El olvido sólo existe en la mente del enfermo de Alzheimer y en aquéllos que sufren de amnesia. Todo lo demás, no es olvido. Es trauma y bloqueo. Mi cerebro bloquea tu existencia, pero mi cuerpo, de alguna manera, no olvida que algo estuvo ahí.
Quizás nunca significaste como individuo lo suficiente, tú, por ser como eres, como eras, quizás no fuera suficiente para echarte de menos a ti. Pero ese vacío que se deja cuando uno se marcha, esas arrugas en las sábanas, ese hueco que nunca se llena, es inevitable que me deje esa sensación de echar de menos algo. No necesariamente a ti.
No quiero herirte cuando lo digo, de veras, pero mis problemas no son contigo, sino con mi propia soledad. De alguna manera, mi ser jamás te puso como una opción razonable para sentirse completa. Jamás me planteé que nadie me tuviese que ayudar a hacerme sentir completa, porque nunca he visto en el amor la respuesta para sentirse completo. Aquí sí coincido en parte con Platón. Nadie debería depender de algo que pueda mutar, que pueda cambiar. Lo principal que nos hace sentir completos debería venir de nosotros mismos. No creo que se trate de amar y de ser amado. No creo que algo tan frágil y a la vez tan fuerte deba ser aquello que me llene. No creo que deba depender de nadie, sino ser feliz con ellos y sin ellos, aunque siempre prefiera estar con ellos. Porque creo que deberíamos querer a las personas con ese propósito. Deberíamos querer precisamente porque podríamos vivir sin ellos, pero porque a pesar de ello, jamás elegiríamos esa opción. Porque son parte de nosotros y su sola existencia hace que estemos un poco más llenos, aunque no sean nuestra razón principal.
Metamorfosis: Sémele
Pero ahora da igual lo que me plantease. Llevo toda la vida sola, pero nunca esa sensación de desamparo, el saber que siempre me tendré a mí, me había golpeado con tanta fuerza ni crueldad. Se ha roto la bandera que hice para mí hace años. Nada la sujeta. Porque yo no quiero ser yo. Porque mi yo, mi primera persona del singular, no desea verse como alguien que es como yo. Porque alguien maquina en mi cabeza queriendo destruir su propio corazón. Y soy yo.
Sería fácil culpar a otra persona. Decir "fue culpa tuya". Pero sabemos que no sería cierto. Tú sólo me enseñaste, sin quererlo ni pretenderlo, lo que soy, en lo que me he convertido. La luz que me envolvía cuando estuviste, sólo me ayudó a ver el oscuro pozo al que pertenecía con tu marcha. Y así estoy. Así estamos, con esa oscuridad en la garganta. Con ese yo que no quiere ser yo. Con ese yo que ya no puede ser con nadie, porque tiene que poder sujetarse a sí misma para poder acariciar la mano de otro.