jueves, 26 de febrero de 2015

Hablar

Hablo sobre lo que conozco,
yo,
la que sonríe, la que finge, la que sufre
mi primera persona del singular,
siempre singular, de todas las formas posibles.

Hablas de alas, huir lejos,
para qué querría yo alas
si no puedo separarme de mí misma
si no puedo romperme y quedarme con un pedazo,
a dónde iría yo conmigo,
mi yo completa, mi yo herida.

Habla de sueños.
La muerte no significa nada para él.
Como si pudieras vivir por tu propia motivación,
cuando lo único sobre lo que tienes control
en plena consciencia, en vida, es en la muerte,
y aún así, algo aleja nuestra mano de la soga,
algo nos hace dar un paso atrás en el precipicio.

Y diría en plural, que hablamos de todo,
eso te gustaría, pero ese plural no existe,
ese darse la mano escuchando el corazón del otro no existe.
Estoy yo. Sólo yo.
Y este egocentrismo desolador me consume,
estoy sola.
Nadie aleja mi mano del cuchillo,
nadie aleja mi mano de la pistola.
Sería tan sencillo desaparecer.

Al final, habláis y hablan de una muerte que aún no ha ocurrido,
¿No sentís como se desvanece un poco la última fantasma?
Mi sombra se está yendo poco a poco,
porque nunca he terminado de pertenecer a ningún lugar.
Mi tiempo se ha agotado,
éste ya no es mío.
Es de otro,
alguien muere dándome su vida,
es irónico,
las ganas de vivir de otro no detienen el flujo de vida que pasa al suicida.
Y yo aquí,
alimentada a la fuerza,
dejándome hundir
y ese alguien allá,
desviviéndose por aferrarse
a la cuerda que yo solté.

domingo, 22 de febrero de 2015

Tristeza revelada

Que quede entre nosotros esto, pero Platón mintió. Aprendí todo de cero. No recordé nada que hubiese olvidado, porque en mis olvidos a medias siempre hay algo que jamás dejé por el camino. 
El olvido sólo existe en la mente del enfermo de Alzheimer y en aquéllos que sufren de amnesia. Todo lo demás, no es olvido. Es trauma y bloqueo. Mi cerebro bloquea tu existencia, pero mi cuerpo, de alguna manera, no olvida que algo estuvo ahí.
Quizás nunca significaste como individuo lo suficiente, tú, por ser como eres, como eras, quizás no fuera suficiente para echarte de menos a ti. Pero ese vacío que se deja cuando uno se marcha, esas arrugas en las sábanas, ese hueco que nunca se llena, es inevitable que me deje esa sensación de echar de menos algo. No necesariamente a ti.
No quiero herirte cuando lo digo, de veras, pero mis problemas no son contigo, sino con mi propia soledad. De alguna manera, mi ser jamás te puso como una opción razonable para sentirse completa. Jamás me planteé que nadie me tuviese que ayudar a hacerme sentir completa, porque nunca he visto en el amor la respuesta para sentirse completo. Aquí sí coincido en parte con Platón. Nadie debería depender de algo que pueda mutar, que pueda cambiar. Lo principal que nos hace sentir completos debería venir de nosotros mismos. No creo que se trate de amar y de ser amado. No creo que algo tan frágil y a la vez tan fuerte deba ser aquello que me llene. No creo que deba depender de nadie, sino ser feliz con ellos y sin ellos, aunque siempre prefiera estar con ellos. Porque creo que deberíamos querer a las personas con ese propósito. Deberíamos querer precisamente porque podríamos vivir sin ellos, pero porque a pesar de ello, jamás elegiríamos esa opción. Porque son parte de nosotros y su sola existencia hace que estemos un poco más llenos, aunque no sean nuestra razón principal.
Metamorfosis: Sémele
Pero ahora da igual lo que me plantease. Llevo toda la vida sola, pero nunca esa sensación de desamparo, el saber que siempre me tendré a mí, me había golpeado con tanta fuerza ni crueldad. Se ha roto la bandera que hice para mí hace años. Nada la sujeta. Porque yo no quiero ser yo. Porque mi yo, mi primera persona del singular, no desea verse como alguien que es como yo. Porque alguien maquina en mi cabeza queriendo destruir su propio corazón. Y soy yo.
Sería fácil culpar a otra persona. Decir "fue culpa tuya". Pero sabemos que no sería cierto. Tú sólo me enseñaste, sin quererlo ni pretenderlo, lo que soy, en lo que me he convertido. La luz que me envolvía cuando estuviste, sólo me ayudó a ver el oscuro pozo al que pertenecía con tu marcha. Y así estoy. Así estamos, con esa oscuridad en la garganta. Con ese yo que no quiere ser yo. Con ese yo que ya no puede ser con nadie, porque tiene que poder sujetarse a sí misma para poder acariciar la mano de otro.

sábado, 21 de febrero de 2015

martes, 10 de febrero de 2015

Sé un cerdo.

Es verdad que lo primero que quise que tus labios tocasen era veneno. Incluso ahora, desearía que eso hubiese sido. Porque tú te irás, como todos los anteriores, lejos, en busca de esa mujer débil que te espera a pesar de haberla deshonrado de todas las formas posibles. Pudiste achacarme parte de la deshonra a alguno de los primeros hechizos, pero tus pies eran libres cuando me seguían dentro de la cueva. Yo no te pedí que te quedaras ni te até a mi sed ni a mi ansia.
Puedes irte. Aunque eso me rompa. Puedes irte.  No me importa. Aquí sólo dejas los restos de un viaje. Unos restos que pronto podrán preguntarme por ti, unos restos que se aferran a mi pecho como si eso les diese más vida.
Ilustración: Constanze Moll

Márchate, viajero. Ya no te conozco. Aquél que se debatía por las dudas, por el dolor que causaba o causaría en la mujer frágil que había dejado atrás ya no está. Ante mí, un hombre orgulloso se alza, con ojos de pirata y vociferante, dando órdenes, como si alguna vez me hubiese entregado a ti como quien entrega la fruta a la compradora en el mercado.
Puedes irte. Aquí me quedaré, atrapada en esta isla pero sin que nadie me mire con la superioridad de quien es dueño de sus pasos. Diez años más de soledad te mereces. Ojalá hubieses tragado el veneno que te entregué y no que yo hubiese sucumbido a tus palabras.
Si vuelves a Ítaca así, éste sólo será el principio de tu dolor en el que la tragedia jamás dejará tu casa.





Si regresas, Ulises,
encontrarás allí en Ítaca una mujer cobarde:
Penélope ojerosa
que afanosa y sin saberlo
le teje y le desteje una mortaja
al amor. Ella pretende
aferrarse y aferraros a lo eterno.
Si regresas
hacia un destino más infame aún
que éste que yo te ofrezco
avanzas si vuelves a su encuentro.
Más enemigo del amor y de la vida
que mis venenos
es vuestro matrimonio, vil encierro.

Quédate, Ulises: sé un cerdo.
.
Silvia Ugidos-Circe esgrime un argumento

sábado, 24 de enero de 2015

Suya era la danza del fuego,
más allá de su cintura todo se retorcía,
como una serpiente cubierta en jaspe
se alzaba gloriosa.
Su largo pelo negro era un gran manto
para su propia oscuridad,
su piel inmortal se retorcía sólo con pensarla 
no podía soportar el contacto sincero de la humanidad.
Aún con sus ojos vivos y hermosas mejillas,
mirarla causaba dolor,
la sangre parecía cubrir su presencia,
madre de todo lo terrible era ella
y así lo sería por siempre jamás.

viernes, 16 de enero de 2015

I am terrified by this dark thing that sleeps in me

Donde pones la mano, enciendes la mecha. Como si cada uno no tuviese suficiente con sus propios problemas. Pero es tan complicado ayudar cuando eres tú quien está lejos de aquí. Sólo eres capaz de coger sus manos, y con suerte, evitar que les lleve la marea.
Y al final del día, te vistes de cenizas como quien vio la oscuridad y siguió caminando a ninguna parte. Eso es todo. Tus pies aún no recuerdan cómo andar, sólo patalear para salir a flote. Porque esta tierra que pisas no es tuya. Sólo arenas movedizas que te hunden más despacio. Ésta es tu vida ahora, caminar entre moribundos y consolar a los que tiemblan como tú.
Se te acaban los planes. Y a ti sólo te queda desaparecer. ¿Escogerás la vida o escogerás la muerte?

I know the bottom, she says. I know it with my great tap root:   
It is what you fear.
I do not fear it: I have been there.

Is it the sea you hear in me,   
Its dissatisfactions?
Or the voice of nothing, that was your madness?

Love is a shadow.
How you lie and cry after it
Listen: these are its hooves: it has gone off, like a horse.

All night I shall gallop thus, impetuously,
Till your head is a stone, your pillow a little turf,   
Echoing, echoing.

Or shall I bring you the sound of poisons?   
This is rain now, this big hush.
And this is the fruit of it: tin-white, like arsenic.

I have suffered the atrocity of sunsets.   
Scorched to the root
My red filaments burn and stand, a hand of wires.

Now I break up in pieces that fly about like clubs.   
A wind of such violence
Will tolerate no bystanding: I must shriek.

The moon, also, is merciless: she would drag me   
Cruelly, being barren.
Her radiance scathes me. Or perhaps I have caught her.

I let her go. I let her go
Diminished and flat, as after radical surgery.   
How your bad dreams possess and endow me.

I am inhabited by a cry.   
Nightly it flaps out
Looking, with its hooks, for something to love.

I am terrified by this dark thing   
That sleeps in me;
All day I feel its soft, feathery turnings, its malignity.

Clouds pass and disperse.
Are those the faces of love, those pale irretrievables?   
Is it for such I agitate my heart?

I am incapable of more knowledge.   
What is this, this face
So murderous in its strangle of branches?——

Its snaky acids hiss.
It petrifies the will. These are the isolate, slow faults   
That kill, that kill, that kill.
Elm- Sylvia Plath

jueves, 8 de enero de 2015

Soy tu niña calcinada de sueño implacable.

Aún nadas hacia la orilla. Hacia donde crees que está la orilla. Quién querría tanta agua. Es difícil hablar cuando te concentras en respirar. Los demás parecen caminar sobre el agua. Y mientras tú, pides una mano que te saque y no cualquiera.
Ellos te miran desde fuera. Uno te dice que pruebes a andar como él, a ver si sales. Otro te dice que el agua lo ha creado tu cabeza, que aún podrás salir tú sola. Pero sigues ahogándote.
Y las noches son terribles. A oscuras, a solas, no ves la ola.
De pronto, alguien te da la mano. Alguien nada a tu lado. A algún sitio. A alguna parte. A la vida o quizás a los sueños de muerte de cualquiera de los dos.
Y la marea sube. Y tú le agarras, para que no se lo lleven. Y él te sujeta para que no te vayas para abajo. Pero nadie termina de sacar la cabeza.
Nadar. Nadar. Nadar.







“Me alimento de música y de agua negra. Soy tu niña calcinada por un sueño implacable."
- Alejandra Pizarnik - La Mesa Verde

martes, 6 de enero de 2015

¿Está esto pasando? ¿Está pasando de verdad? Nadie diría que fuese a llegar a este punto. Creíste levantarte victoriosa, y sólo eres una criatura perdida más. Los monstruos aún no llegan, aún no, aún no. Los primeros en salvarse son los niños y las embarazadas. Pero tú no eres ninguna de las dos cosas. Y basta con verte dos veces para no volver a querer mirarte jamás. ¿Está esto pasando?
Tú que creías haberlo visto. Pero aún no estás preparada. Aún no. Aún no. Hoy no te levantarás. No sabes cómo hacerlo. No sabes si quieres hacerlo. Cada vez que tus palabras llegan al viento, algo se rompe ahí fuera. Como si sólo supieras hacer daño.
Los monstruos que te ayudan a dormir hoy no vendrán a protegerte de la lluvia. Todos gritan estás curada, estás aburrida, estás entera. Levántate. Pero hoy no será.
Abrir los ojos es todo un reto. Las mismas fuerzas que te mandan fuera, te hunden hacia abajo. Dolerá más si fallas. Y confías en las historias que cuentan de ti porque esas historias son mejores que la tuya. Levántate. Levántate. Ya basta de tonterías. Nunca has sabido curarte del todo, y ahora, lloras cuando vuelves a casa. Y lloras cuando te vas.

viernes, 2 de enero de 2015

Vi las puertas. Miles de puertas me rodeaban. Todas rotas, todas averiadas. Tantas opciones y ninguna buena. Entonces lo entendí. No eran las puertas, no eran mis opciones las que se habían quebrado. Era yo. Yo, mirándome a un espejo. Un espejo casi vacío, con una extraña observándose, con los ojos de quien mira la nada.
Cada roto mío, estaba en una puerta. Ninguna permanecería entera cuando la atravesase. Moriría en cuanto la cruzase. Cada una tenía distinta decoración. 
Una estaba llena de dibujos, que se deshacía por las pequeñas brasas encendidas al final. 
También había otra, donde algo parecía latir, de donde provenía un gran llanto, pero el marco estaba a punto de desmoronarse. 
Por otro lado, había un gran portón grande. Parecía haber sido esculpida en papel, a punto de echar a volar. El viento se la llevaría pronto, sin duda alguna.
Entre ellas, habían algunas de mármol medio destrozado, puertas de tierra quemada...
Al fondo, había una. Era lisa, negra como la noche. No parecía tener imperfección alguna, pero sabía que bastaría con acariciar la manilla para desvanecerme. El final es inevitable.



Buscar. No es un verbo sino un vértigo. No indica acción. 
No quiere decir ir al encuentro de alguien sino yacer porque alguien no viene.
Fuente: Alejandra Pizarnik. Poesía Completa, poemas 1962-1972.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Casi un mes. Un mes en silencio. Pero tengo mis razones para este silencio atrás. Las últimas semanas han sido terribles. Sí. Es ese tipo de cosas que una siente que no debe decir cuando ocurre. Justo lo contrario de lo que se debería hacer. Pero estoy saliendo de ese pequeño hoyo que me había montado yo misma. 
Y esto venía de antes de este mes. La ansiedad había aparecido pisando fuerte, llegando a encontrarme a mí misma a punto de llorar por absolutamente nada, con una fuerte sensación de angustia a ratos. Las últimas semanas simplemente fue a más. Estaba estresada, cansada y agobiada hasta decir basta y ni siquiera tenía tiempo para dedicar a mí misma, para volver a mi ser. Que quizás yo sea negativa, pero nunca había llegado a estar así.
Quizás algún día suelto, sí. Pero jamás había pasado tanto tiempo así. Al punto de pensar no son momentos tristes en un día normal, sino algún momento de risa en un día triste. Tuve días que deseaba no salir de la cama jamás y días que no quería volver a casa, por miedo a quedarme conmigo misma y todo esa olla exprés en mi cabeza.
Ahora estoy bien. Realmente no tengo claro cómo he vuelto. Quizás sea haber terminado todo ese cúmulo de trabajos, exámenes y demás, que he podido reconciliarme un poco conmigo misma y darme un poco de tregua. No lo sé. Definitivamente, he encontrado mis límites y ahora sé con certeza que hay cosas que es mejor no terminarlas ni empezarlas, puesto que mi capacidad para responder a los cambios es practicamente nula. Y es mejor, por ahora, aceptarlo, al menos hasta que tenga tiempo y dinero para arreglarlo. Entonces, podré seguir con todas esas ideas que quise empezar y quizás, también, recuperar la ilusión por esas aspiraciones que enterré las últimas semanas.
Y no creo que haga falta que os diga lo difícil que es, a veces, conocerse a uno mismo a fondo y poder vivir con ello. En fin. Eso es todo.