sábado, 15 de marzo de 2014

Imágenes

Gritarle a tu niña interior que te deje en paz. Meterte en la ducha y apurar cada grado, al tope, para ver si te crees que lo de tu cara no son lágrimas. Esconderte en un agujero para gritar y que nadie te oiga, como si no tuvieras derecho. Venir aquí a dejarte sangrar, para ver si al volver al mundo exterior todo te duele menos. Mirar el nombre que elegiste para ti y querer otro, reclamando que ya no quieres ser esa persona. Morir.

sábado, 8 de marzo de 2014

El infierno pelirrojo

Sus ojos depredadores podían alcanzarla:
Su piel estaba ahí, a un palmo, pero era como si parpadeara. Si su pelo se movía, te quedabas sin respiración. Allá dónde mirase, salía el sol. Y parecía un lugar mejor porque ahí se dirigía su pupila. Como si la noche conservara alguna luz para ese momento.
Pero sólo era una mentira. De su boca salían estacas y su risa un truco. Una promesa de ganar el infierno seguro.

sábado, 22 de febrero de 2014

Fisuras

Ella tenía su muro para que nadie intentara escalarlo. Pero a él le gustaba asomarse. Cada vez su boca pronunciaba palabras distintas, y ella sólo podía temblar. Había pasado una eternidad desde la última vez que sintió que volaba y a la vez, que caería en picado como niña tonta. 2 años sin temblar era demasiado.
Y ahora, podía sentir como se abría una puerta en él. ¿Se asomaría? ¿O la haría desaparecer?

miércoles, 5 de febrero de 2014

Ella lleva su vestido más corto y ajustado, como una segunda piel que rechaza su cuerpo. O así lo siente ella. Su cuerpo es una cascada, el sol saliendo sobre los campos de lavanda, pero a ella le faltan dioptrías o quizás amor propio para verlo.
Hoy es el día de comprobar si puede sobrevivir a hablar con aquél que sacude su cabeza desde dentro. Ver si puede vivir sin él o necesita más tiempo.
No dejes que me caiga como un árbol sin raíces. No dejes que crea una mentira. No me digas algo que quiera oír si no es cierto. Yo no lo haré. Sólo así seré justa.

jueves, 23 de enero de 2014

Cúpula y necesidades

A veces no sabes lo que necesitas hasta que lo haces. Pero es entonces cuando una empieza a conocerse mejor. Cuesta años. Tras una serie de decepciones, empecé a crear una especie de cúpula interior por así decirlo. Ésta me permitía que no lloviera en mi cabeza, la extinción de las mariposas. Con ello empecé a sentirme mejor, más fuerte, pero duró poco. Era lo que necesitaba pero sólo en ese momento.
Me di cuenta que a pesar de sentirme mejor, creció un pánico interior. Podía vivir en esa cúpula, pero no era una vida en soledad lo que quería. Quería que alguien me mirara a los ojos y me hiciera sentir en casa. Que supiera de mí lo bueno y lo malo.
Pero el silencio no daría respuestas. Debía abrir los ojos. Encontrar por quién romper la barrera desde dentro. Y ayudarle si lo necesitara. Aunque vuelva al temor a que me hagan daño. Al fin y al cabo, nadie podía ni debía hacerlo por mí.

lunes, 20 de enero de 2014

Aunque sólo sea un segundo

Dejaré de correr cuando dejes de hacer promesas que no necesito.
Dejaré de correr si vienes, me abrazas y te quedas conmigo.
¿Trato hecho?

viernes, 17 de enero de 2014

Es increíble todos aquellas cosas que nos hacen creer cuando somos niños. Nos muestran personajes que mediante un karma desconocido, consiguen lo que desean, pero sólo aquellos que triunfan en la historia. Nos dicen que encontraremos alguien que sea nuestra persona favorita en el mundo. Nos repiten que sólo hace falta tiempo para ser felices. Nos cuentan que los miedos se acaban superando. Es otra forma de consolarnos.
Pero al final de la noche, seguimos teniendo los mismos monstruos debajo de la cama, y nos damos cuenta que cuando vencemos un miedo, aparecen nuevos, sombras del anterior. Y no siempre hay alguien al lado para espantarlos.

domingo, 12 de enero de 2014

Finales felices. O no.

Quizás sea yo, que soy una melodramática absoluta pero los finales felices me ponen triste. A veces hasta llorar. Que parece una tontería, pero llega un momento en que sientes que no son lágrimas por una situación ficticia sino por lo que sientes que no tienes.
Y al final lloras por ser quien eres. Lloras porque sientes que acabarás sola, que estarás mejor así. Que total, la mitad de la gente ya se ha alejado de una forma irreparable para ti, porque ya ni siquiera puedes confiarles tus secretos porque no dejan de ser fantasmas. Y ahora pagas el pasado con los que se quedan, incapaz de decirles nada ya que sientes que ya diste el cupo, que no soportaras más pérdidas.
Y así, tu pasado, tú misma te hundes haciéndote la zancadilla, y eso no es vida. Pero es la tuya. Y podrías seguir, claro, pero invitar al monstruo a tu cama no iluminaría esta noche.

jueves, 9 de enero de 2014

Retorno

Llevo demasiado tiempo fuera, lo sé. Feliz navidad, feliz año y feliz vida supongo. Estar a mil cosas siempre pasa factura: la universidad, los apuntes, los trabajos, el libro, el blog... Siempre hay algo que se queda en el aire, y esta vez ha sido el blog, por desgracia. Agradezco mucho que aún sigáis viniendo, que sigáis viniendo a dejarme un comentario, que sigáis aquí, de alguna manera. Sin vosotros, el blog no tendría alas.
Supongo que si en cierto modo dejé de lado el blog desde octubre fue porque a veces resulta mirarse al espejo. Y esto es lo que ha sido el blog. Pero había olvidado que ésta es mi casa, mi pequeño rincón semisecreto, donde yo escribo oculta tras un avatar, como muchos de vosotros, aunque luego todo aquél que lo desee pueda leerlo sin restricciones.
Por lo que intentaré que el blog siga en marcha, aunque escriba con menos frecuencia.

Respecto al libro... Bueno. Soy una aficionada, apenas cincelo parte de la historia cada dos semanas, con suerte. La historia no está construida, los personajes surgen según se va formando. Es complicado. No tengo claro que vaya a poder hacerla... La escritura pide tiempo que no tengo y sangre de personajes que a veces no deberían morir, y cuesta.
Gracias por leer.

sábado, 12 de octubre de 2013

Excusas

A Eva le gustaban hacer figuritas de cenizas. Las colocaba siempre sobre su cenicero rojo, en forma de corazón y ahí, como si de una escultora se tratara, tallaba rostros con cenizas. Las cenizas siempre eran del día, aún estaban templadas lo que hacía que la piel de sus dedos acabaran por curtirse, inmutables al calor casi.
Cada mañana se levantaba, se estiraba en la cama, aún con la esperanza de no encontrar su cama vacía. Cada mañana, su mano rozaba un papel, cada ocasión con letras de colores distintos. Pero para ella, todas esas notas eran todas iguales. Sin concebir un minuto a la nota, la ojeaba y la llevaba al cenicero rojo y con su mechero negro, la reducía a cenizas.